Cuando son Fallas, hacemos Fallas
- Darcie Khanukayev
- hace 5 días
- 2 Min. de lectura
—Un pequeño recordatorio, chicos, —dije por encima del bullicio de la clase mientras recogían—, este domingo tenemos nuestra excursión bilingüe. Quedamos en la academia a las 10. ¡Traed crema solar! Parece que por fin saldrá el sol.

Estaba anunciando una de las actividades semanales que organizo para que los alumnos practiquen inglés y español fuera del aula. Esta semana tocaba senderismo. A todos nos encanta conversar en nuestro idioma menos dominante en un ambiente más relajado e informal.
Pero aquel día algo fue diferente. Se levantó una mano.
—Pero ese es el primer día de Fallas, —dijo alguien desde un lateral.
—Sí, ¿y? ¡Será una mañana estupenda para caminar! —respondí. —¿No?—añadí, algo desconcertada.
Cuando los alumnos iban saliendo, José se detuvo. Me sonrió con cierta compasión — casi con lástima.
—Darcie, —me dijo con suavidad—, tienes que aprender el ritmo… el compás… el fluir de España. Cuando son Fallas, hacemos Fallas.
—Vale… gracias, José—, respondí con una sonrisa pensativa, esperando que ocultara el hecho de que no tenía ni idea de a qué se refería.
Las Fallas son una tradición preciosa aquí en Valencia. Pero ¿qué tenía eso que ver con el ritmo? ¿Con el fluir cultural? ¿Por qué no podíamos hacer senderismo por la mañana y luego ir a la mascletà por la tarde?
No podía simplemente pausar nuestro calendario por cada celebración local. ¡No nos reuniríamos nunca! En California multitarea es casi una filosofía de vida. Podemos caminar por la mañana y ver fuegos artificiales por la tarde. Eficiente. Armonioso. Productivo. Yo no veía el problema.
No fue hasta ese domingo, subiendo hacia el Monasterio de Santa Ana (con un grupo más reducido de lo habitual) cuando empecé a comprender.
Me encontré defendiendo mi lógica ante Amparo, que me escuchaba con una sonrisa amable. Me sugirió, con delicadeza, que aunque mi planteamiento era eficiente y sí, muy productivo; quizá ese no era el punto.
Las Fallas, me explicó, son inmersión. Pertenencia. Formar parte de la celebración, no organizarla alrededor de otras cosas. Es relajarse dentro del ritmo del momento. Dejarse llevar.
En Estados Unidos encajamos las celebraciones en nuestra agenda. En Valencia, durante Fallas, la agenda se adapta a la celebración.
Mientras escuchaba a Amparo, algo cambió en mí. Aprender una lengua — y una cultura — también implica aprender sus prioridades. Saber cuándo planificar… y cuándo rendirse al momento.
Salva, que escuchaba nuestra conversación, intervino: —Organizar clase en Fallas es como pedir cita al dentista en Nochebuena.
—¡Venga, Salva!—, respondí riendo—. ¡Tampoco soy para tanto!
Excursión biling




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